Sin embargo, como yo no he apostado una millonaria suma para cruzar el charco a toda prisa, como sí lo hizo Phileas Fogg, he organizado este viaje en 85 días, parando en cada una de las ciudades antes mencionadas, más pequeñas ramificaciones como de Barcelona a Roma, o de Bangkok a Siem Riep.
En 85 días experimentaré el cambio de culturas, climas, comidas, idiomas, personas, ideas, paisajes, monedas, precios, razas, creencias y hasta olores y colores. Pisaré el suelo fértil de 4 de los 5 continentes, conectándome con otros viajeros, emprendedores, startups, incubadoras y otras víctimas de la pasión por la tecnología, llevando a Quietly como mi bandera y el motivo principal de este largo viaje.
El reto no sólo es terminar el periplo con energía restante para los otros 9 meses del año, sino organizar cada reunión, hotel, paseo, fiesta, amigos, y un largo etcétera, para aprovechar cada segundo de las 2,040 horas que estaré al ruedo.
Como colombiana, planear y ejecutar este viaje, requirió más que contactar a los amigos regados por ahí para pedir sugerencias u hospedaje. Por cada suelo extranjero que será pisado, hay una visa esperando a ser tramitada. En el siguiente post escribiré cómo cambió la rutina del viaje por esta razón y el tiempo que tomó hacer todos los trámites, pero como dice la canción ‘La Vuelta Al Mundo’ de Calle 13: “Soy las ganas de vivir, las ganas de cruzar, las ganas de conocer lo que hay después del mar”.
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